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El
hombre y la mujer han olvidado cómo hacer el amor físicamente.
Esta es la mayor tragedia de todos los tiempos, ya que es la causa
de la mayor infelicidad sobre la Tierra. Tanto ha ido continuando
y empeorando lentamente el olvido durante muchos miles de años,
que ahora es un problema crucial. Esto significa que sólo
el hombre o la mujer individual tiene alguna oportunidad de empezar
a corregirlo. No puede haber soluciones en masa. El problema es
demasiado personal y demasiado profundo. Cada uno tiene que hacerlo
por él o por ella mismo, o no se puede hacer. La infelicidad
básica de la mujer, su perenne descontento, se debe a que
el hombre ya no puede alcanzarla físicamente. El exceso emocional
de ella, sus depresiones, sus lacrimosas frustraciones, incluso
la tensión premenstrual, y finalmente las condiciones que
conducen a una histerectomía y otros problemas uterinos se
deben al fracaso sexual del hombre en liberar y recoger sus energías
femeninas más fundamentales y más finas al hacer el
amor. Estas energías extraordinarias bellas o divinas son
hipersensitivas y cuando se dejan sin extraer en la mujer, como
están ahora, degeneran en trastornos emocionales o psíquicos,
y finalmente son ellas las que cristalizan en anormalidades físicas.
El útero da a luz a todas las cosas.
La infelicidad básica del hombre, su inquietud perenne,
se debe al olvido de cómo hacer el amor correctamente a
la mujer, él ha perdido su autoridad divina y con ello
el control sexual de él mismo.
Su degeneración psíquica o emocional se manifiesta
racialmente como una obsesión sexual.
Todos los hombres sin excepción son obsesos sexuales.
La obsesión sexual origina en el hombre una fantasía
sexual compulsiva, masturbación crónica, aún
cuando él pueda vivir con una pareja, la represión
sexual lo conduce a la cólera, la violencia, y al síntoma
universal de perderse a sí mismo en el trabajo y la persecución
de la riqueza para compensarse por su ineptitud como un verdadero
amante.
Los negocios y el coleccionar riquezas son tapaderas en ambos
sexos por la incapacidad o el miedo de amar bellamente a través
del cuerpo.
A través del descuido del hombre de amar como mujer, el
hombre sufre de eyaculación precoz, culpa, ansiedad, duda
de sí mismo, impotencia, atrofia sexual, disfrazándose
como desinterés sexual, abstinencia sexual debido al miedo
reprimido al fracaso, bravata sexual y falta de verdadera sabiduría.
Todo ello él se lo inflige de nuevo a la mujer, agravando
de esta manera el descontento básico de ella y su propia
inquietud.
Cada virgen que se une hoy con un hombre está inmediatamente
contaminada.
La falta de amor de él germina en ella la semilla racial
del descontento. Ella se desilusionará. Ser un ser humano
masculino completamente integrado requiere que el hombre asimile
a través de su cuerpo las energías femeninas divinas
que la mujer sólo puede liberar para él cuando hace
el amor físico correctamente. Pero el hombre tiene que
ser suficiente hombre, esto es, tiene que ser capaz de amarla
lo suficiente, amarla lo suficientemente de forma divina o desinteresada
durante el acto, para extraer estas energías del más
profundo centro de la mujer. Esto no depende de la técnica.
Ello requiere amor, puro amor. Ser capaz de amar esta forma es
la autoridad que el hombre ha perdido, y su única verdadera
autoridad sobre la mujer. La mujer, sin embargo, no cederá
y no puede ceder sus energías divinas a ningún hombre
que todavía no sea el mismo, esto es, que no esté
totalmente integrado o alineado, no importa lo mucho que ella
lo ame y quiera darle. Como muy pocos hombres sobre la tierra
son hoy día ellos mismos, es decir, poseen la autoridad
para expresar y absorber el suficiente amor a través de
sus cuerpos para alcanzar la parte más alta de la mujer,
la brecha de infelicidad entre hombre y mujer continúa
creciendo.
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El hombre que ha desarrollado destreza sexual todavía
no sabe cómo hacer este amor divino. Las sensaciones elevadas
y los orgasmos son gratificantes y le dan a él una forma
de autoridad, pero ellos no son el amor que la mujer anhela. El
amor que él hace a la o las mujeres la satisfacen como
una buena comida, pero pronto ella siente hambre de nuevo y finalmente
ella desprecia su apetito y a ella misma ya que sabe que no está
siendo amada.
Juntos en una relación, el castigo que el hombre tiene
que pagar por su fracaso físico es servir a la mujer como
la personificación del amor, es la emocionalidad tiránica
de ella. Donde quiera que él ame, o trate de amar, un día
ella lo sacudirá, lo aturdirá, lo devastará,
revelándose de repente en ella misma el espíritu
malo, el demonio femenino viviente de la emoción. Cualquier
hombre que todavía no haya experimentado el odio de este
demonio en la mujer todavía no ha experimentado el amor.
Ella se muestra a sí misma cuando él está
apegado y apenas puede alejarse. Cualquier mujer que no se ha
visto todavía siendo el demonio todavía no se ha
conectado con su amor. El demonio de la emoción en la mujer
es el infierno sobre la tierra para el hombre. Esta es la parte
de ella que el no puede manejar o comprender, porque es el demonio
de su propio fracaso para amar que viene a la vida para despreciarlo,
abusar de él y atormentarlo. El está aterrorizado
por ello. El farolea y fanfarronea, pero finalmente, a medida
que envejece en una relación, el demonio inevitablemente
lo conquistará y lo forzará a entregar el último
vestigio de su masculinidad y autoridad por algo de paz.
Entonces ellos envejecen juntos, sintiéndose a salvo pero
medio muertos mientras se apoyan en el otro en el terrible mundo
del compromiso. Mientras el mundo continúe como está,
el demonio nunca permitirá que el hombre olvide su fracaso
fundamental de amar correctamente a la mujer. La mujer debe ser
amada. El futuro de la raza humana depende de que la mujer
sea amada, porque sólo cuando la mujer sea verdaderamente
amada podrá ser el
hombre verdaderamente él mismo y reganar su autoridad pérdida.
Sólo entonces
podrá volver la paz a la tierra. Sin embargo la mujer tal
como es ahora no puede ser amada por largo tiempo o para siempre
por el hombre tal cual es ahora. Juntos están atrapados
en un círculo vicioso. Y sí se dejan llevar más
tiempo de sus propias ideas de amor, no hay salida para ellos.
El amor es un lío espantoso sobre este planeta. Tiene
que hacerse algo urgentemente. Se debe comenzar ahora, hoy. Y
tú debes hacerlo. En estas dos cintas te voy a decir cómo
hacer el amor físico de nuevo. Pero primero te voy a contar
todo acerca del amor y te voy a dar una comprensión del
propósito del amor y de tu lugar en el amor o la vida sobre
la tierra. El amor sin propósito como puedes percibirlo
en el mundo a tu alrededor, está desahuciado. Comprender
el amor tal cual es y no como crees conocerlo o como lo imaginas,
es la primera lección en hacer el amor. Voy a ser muy franco
y abierto y te describiré el acto físico de hacer
el amor con detalle usando palabras como "vagina" y
"pene" y otros términos que los amantes utilizan.
Te voy a estar hablando de forma muy íntima. Te sugiero
que pongas las cintas una y otra vez cada vez que tengas nuevos
'insights' (percepciones) en el amor. No puedes aprender y hacer
el amor divino en estas cintas. Debes absorberlo para que se vuelva
parte de ti, parte de tu entendimiento. Sin embargo comprueba
cada información con tu propia experiencia, escucha el
sonido de tu verdad interior, el eco del conocimiento que una
vez tuviste. La parte de ti más profunda y verdadera lo
sabe todo.
Por lo que a mí respecta no hay ninguna razón por
la que un niño no pueda oír estas cintas. De hecho
me gustaría que cada chico o chica en su adolescencia las
oyera repetidas veces mientras crecen, especialmente las jóvenes.
El único problema es que cuando un niño o adolescente
haga preguntas inteligentes después de oír las cintas
debiera haber un adulto inteligente alrededor que las contestara
de forma honesta y auténtica desde una posición
de amor y comprensión, fuera del círculo vicioso.
Confío en ello.
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El principal problema en hacer el amor es la eyaculación
precoz del hombre. Y la mujer, como explicaré más
tarde contribuye a esto insospechadamente. La eyaculación
precoz se debe a la emoción causada por la excitación
y anticipación por parte de ambos. Esta emoción
particularmente en el hombre está ahí tiempo antes
de que comience el juego amoroso o el acto físico.
En el hombre hay una continua excitación presexual, o un
nivel de agresión incrementada de emoción, debido
a su fantaseamiento sexual normal u obsesión sexual. A
través de la broma y de la conversación sobre sexo
con otro hombre, lecturas sobre sexo, alusiones maliciosas al
sexo en compañías mixtas, pensando en sexo, mirando
a mujeres en público y haciendo conexiones lujuriosas conscientes
y habitualmente inconscientes, el hombre mantiene relativamente
alto su nivel de agresión básica o su emoción
sexual. Si te imaginas a un hombre como un termómetro sexual
normalmente estará registrando unos 25 grados de emoción
sexual a causa de su obsesión sexual, mientras que la mujer
está alrededor de los 5 grados. La mujer es básicamente
menos agresiva que el hombre porque ella no está básicamente
obsesionada con el sexo. Como consecuencia, fuera de sus numerosas
fijaciones e inhibiciones, el hombre está preparado para
el sexo a cualquier hora, mientras que la mujer no. Para que ella
quiera hacer el amor necesita que se aumente su temperatura sexual
básica.
En el juego amoroso antes de unirse, el flirteo, manoseo, los
besos y las caricias de los pechos y genitales elevan la temperatura
sexual o la emoción por ambas partes. Esto, añadido
al nivel normal elevado de estimulación del hombre debido
a su obsesión sexual, lo hace fantasear mucho más
intensamente que ella. Por tanto, de nuevo su temperatura sexual
se eleva a mucha mayor velocidad.
Para el momento en que está a punto de entrar en ella,
el se está quemando a noventa y nueve grados, y subiendo
rápidamente con expectación e impaciencia. Ella
está en sus confortables y agradables setenta grados, y
también elevándose. A veces ella solo tiene que
abrirle sus piernas: la imagen fantástica final realizada
y él eyacula, o su pene la toca o simplemente penetra los
labios de la vagina y se corre, o justo se las arregla para entrar
en la vagina y en segundos su temperatura sexual cae de un febril
ciento y pico hasta cero mientras egoístamente eyacula
fuera en un tanto estado de frialdad y de desinteresada falta
de deseos.
La mujer es amor, gracias a Dios. El amor es su verdadera naturaleza
por debajo de toda emoción, nociones y fijaciones. Si ella
lo ama, o si ella sola ama, puede soportar la decepción
sexual. La mujer en todos los niveles representa a la madre, el
verdadero arquetipo femenino, la madre tierra, en la que todos
nosotros nos deleitamos y encontramos nuestro placer, incluso
si ella es solo una botella de whisky hecha de granos de tierra
y agua. El hombre, tal como es ahora, es como un niño ante
el amor sin fronteras de ella, la verdadera mujer que toda mujer
sabe que es por debajo de sus neurosis. En su amor ella puede
perdonarlo por correrse, anulándole a ella su propio mecanismo
de deseo, tomar su mundana inquietud expresada en su orgasmo y
acogerlo allí dentro de ella, amuchachado y nuevo en su
breve momento de paz.
Para la mujer, la satisfacción de su amor es tomar de él
dentro de ella, todo lo que él pueda dar, mientras en recompensa
le ofrece cada pedazo de ella misma en una entrega completa y
dulce de amor. Pero cuando el hombre se va prematuramente no la
ama lo suficiente para darse a ella por completo. El no tuvo tiempo.
Por tanto ella no pudo darle todo el amor que ella tenía
que dar. Al llegar él se fue, la dejó. A causa de
ello él es un poco menos hombre, ella es un poco menos
ella misma, y en contra de la escalada de la lucha racial entre
hombre y mujer para unirse están un poco más apartados.
La mujer cuando ama puede disolver en ella misma la mayoría
de las frustraciones ocasionadas por la eyaculación precoz
del hombre. Así y todo, cualquier emoción residual
de ello se vuelve una parte del demonio que lo crucificará
a él mañana. Pero su amor no puede compensar del
todo la necesidad insatisfecha de ser relevada de sus energías
más finas, para expresar o descargar al hombre en el acto
de amor su belleza femenina intrínseca, la fragancia divina
que se desarrolla continuamente en cada mujer y que está
detrás de toda necesidad del hombre de ella. El dolor de
tener que llevar esta carga innecesaria debido al descuido del
hombre es el profundo agravio que sostiene los arranques castigadores
de cólera y la furia emocional del demonio.
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Un hombre que llega prematuramente ha perdido temporalmente su
poder de amar, se ha perdido a sí mismo, por lo tanto no
puede tomar la entrega completa de la mujer y por eso está
sin la auténtica autoridad. El lo sabe y se avergüenza
de ello. La única autoridad válida que el hombre
puede tener sobre la mujer es a través del amor, y esa
autoridad se la concederá ella cuando él le demuestre
suficiente amor para aceptarla y tomar su total entrega. ELLA
PUEDE DAR SOLO LO QUE EL PUEDE TOMAR. La inventada autoridad física
y económica del hombre sobre la mujer en el mundo durante
los últimos miles de años ha sido parte del feo
trabajo de pagarla con ella por la propia debilidad de él
- la abdicación de su verdadera autoridad -. La trágica
división entre ella y su amante continúa de generación
en generación, por que el hombre se ha olvidado de sí
mismo, ha olvidado como amar, y la mujer que puede ser tan generosa
y munífica como auténticamente amorosa no puede
darse a sí misma, no puede alcanzar su satisfacción
natural sin él. La razón por la cual la mujer no
fantasea sobre el sexo casi tanto como el hombre es porque el
sexo no es tanto una gratificación para ella. Para la mujer
el sexo es más amor, y el amor no puede fantasearse a diferencia
del sexo. Amar es guardar la imagen callada del amado en la consciencia.
La fantasía de uno empieza como una imagen erótica;
la sexualidad y las tiendas de sexo toman posesión del
amor.
Para el hombre, el sexo también puede ser amor. Pero debido
a que él lo usa invariablemente para eyacular como un medio
de liberar su agresión psíquica reprimida, su emoción
sexual, contiene mucha gratificación y egoísmo,
él usa a la mujer. Si pudiera unirse a ella sin llegar,
comenzaría a amarla correctamente o por ella misma.
La eyaculación, por lo que al hombre concierne, normalmente
marca el final del acto.
Hoy, amando correctamente, y siendo la sensación en la
vagina o el pene, y tratando de no agarrarse a una identidad separada,
que es el ego, el hombre o la mujer entrará a tiempo en
la conciencia del amor que yace detrás de la parte del
cerebro que controla los genitales. Aquí, los dos polos
del amor sobre la tierra, el masculino y el femenino, se unen
en la magia de la conciencia, la divina presencia de su mutua
divinidad. El Amor o Dios nunca puede ser el tema de un ejercicio
filosófico. El Amor o Dios es demasiado real. El Amor o
Dios es vivir y hacer ahora, no especular sobre él, no
pensar sobre él. Confío no haber sido filosófico
en estos escritos, sino efectivo y práctico, para que el
Amor y Dios sean verdaderamente servidos en tu comprensión
- no sólo cuando estés haciendo el amor, sino cuando
ahora tengas la oportunidad de ser el amor que nunca hiciste.
Puesto que ahora es cada momento. Deja que acabe remitiéndome
al romance. El romance no es algo pasajero. Romance no es una
caja de chocolates, aniversario recordados, palabras dulces, cosas
bonitas, cartas de amor o hermosas tardes juntos. Estas son partes
del romance de vivir, y también lo es la muerte que lo
estropea todo. No puedes tener lo bueno sin el choque de lo malo
en el romance de vivir.
El verdadero romance es el mito de la vida, la aventura estupenda
del hombre y la mujer juntos, descubriendo a través del
amor, a través del otro, que no hay muerte, no hay final
en la vida o el amor que no se aferra o teme.
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